lunes, 23 de enero de 2023

Diálogo entre lugares

 Todo proceso necesita de rincones. Lugares configurados a partir de espacios ocultos a la vista de cualquiera donde se acumulan cosas que adquieren el valor de secretos por el mero hecho de estar ahí. Muchas veces, los rincones sirven para contener el tamo rebelde a la acción de la escoba o para esconder deshechos vergonzantes como mocos, chicles o material radioactivo. Otras veces, los rincones sirven para guardar rasgos de identidad, todo aquello que emociona y no se quiere compartir con los demás, todo aquello que nos hace únicas. Casi siempre, los rincones sirven para encontrar algo. Nos pasamos el día buscando rincones. En estos lugares invisibles, el diálogo es emocional y, así a escondidas, odiamos, creemos, creamos y escupimos. Son los actos de intimidad. Los especialistas en Big Data deberían estudiar el tiempo que dedicamos a buscar escondrijos. Es posible que se pudiera hablar de una obsesión compartida que nos acompañará toda la vida. Y, es que lo que no se ve resulta más interesante que lo que se acepta como una estructura familiar.


La tierra genera sus rincones y utiliza métodos propios para modificar su geografía habitual. A veces, genera orificios y los cubre de malezas, otras veces genera concavidades en las que no entra ni la luz aunque la mayoría de las veces genera espacios abiertos con vías de acceso un tanto borrosas. La isla de Soul podría ser un ejemplo de este último método, hasta el nombre nos confunde. Soul es un nombre que evoca situaciones cálidas y dificulta su localización en el Ártico pero, allí está. Soul es un islote centrado por un volcán muy activo capaz de generar un nuevo glaciar a cada erupción. Sólo la orilla sur de la isla escapa a la mezcla de hielo y lava. Soul es una isla de contornos escarpados que imposibilitan las playas y los puertos. Además, la isla no dispone de recursos naturales explotables que favorezcan una cierta economía de subsistencia. La isla de Soul se puede considerar todo un rincón del mundo.


En general, el Ártico no parece un lugar muy habitable, ni siquiera parece un lugar de turismo de aventuras especializado en aquellos turistas que pagan fortunas por jugarse la vida y sufrir accidentes. La isla de Soul se escapa a las miradas del mundo, nadie la ha incluido en los mapas ni en las cartas de navegación. Parece difícil pensar que nadie pueda vivir allí pero, no hay ningún rincón en el mundo que esté deshabitado. Ni siquiera la isla de Soul, con más de quinientos kilómetros de distancia a la costa más próxima, se ha librado de la pisada humana. Y es que, Soul es accesible con artefactos capaces de aterrizar en una pequeña llanura de hielo y arena. Artefactos que también puedan sortear las fuertes tormentas que pueden llegar a durar unos dos meses.


A pesar de todos estos inconvenientes, al otro lado de los glaciares se encuentran tres pequeñas construcciones medio enterradas en la nieve de las que salen unos hilos de luz que indican que están habitadas por humanos. La construcción más antigua es una estación meteorológica habitada por quince personas que llegaron, lanzados en paracaídas, al inicio de la Guerra Fría. También llegaron en paracaídas los materiales de construcción y de supervivencia. Fue una estación muy cara en términos de vidas humanas y de materiales. Desde 1920, esta estación desarrolla series temporales de temperaturas, recoge datos de los distintos fenómenos atmosféricos y define la vida de las numerosas aves de la isla. Estos datos son predictivos del impacto en el medio ambiente global de los distintos gestos sociales de todo el mundo. Ya hace mucho tiempo que esta estación ha demostrado un calentamiento del planeta a razón de un grado y medio cada ochenta años. Desde que se conocen estos datos en materia de clima, los distintos países siguen la ley de apretar sin ahogar para minimizar las inversiones necesarias que eviten el calentamiento del planeta. Otra estrategia, muy de moda, es la del hazlo por tus hijos y así trasladar a la ciudadanía los gastos derivados del amortiguamiento del impacto ambiental. Por ejemplo, aún sigue en vigor la inclusión en la factura eléctrica de los hogares la cuota de CO2 y los gastos de ineficiencia energética como el uso de gas para generar energía eléctrica y la grabación con impuestos abusivos a la instalación de placas solares en los hogares. Y así, se extendió la pobreza energética a la mayoría de la población. Una pobreza un tanto invisible ya que todo el mundo tenía algún tipo de sistema de climatización en sus casas pero, muy pocas personas podían utilizarlos. De todas maneras, la ingeniería contable y el afán especulativo de los ahorros de la población generaron una subida de precios creciente e imparable.


Durante mucho tiempo, la estación meteorológica recibía algún paracaídas con alimentos y distintos materiales. Se estableció como costumbre el despliegue de los paracaídas sobre el tejado de la estación. La mezcla de seda y hielo formaban un caparazón que resultó ser un buen aislante del frío. En algunos momentos se temió por la sostenibilidad de la estación. Algunas enfermedades y la dificultad de evacuación hicieron estragos entre los habitantes de la isla. Llovieron nuevos profesionales.


Más adelante, la nueva tecnología de helicópteros permitió acercar barcos a la isla de los que salían helicópteros capaces de tolerar ciertos grados de tormentas y de aterrizar en el centro de la isla. Últimamente, los helicópteros habían ganado en velocidad y estabilidad de vuelo lo que les permitía aprovechar los pequeños huecos de bonanza entre las tormentas. No había contacto con los habitantes de la isla, excepto para alguna repatriación, y sin casi contactar con la tierra, vaciaban su carga y recogían algunos paquetes. Fue todo un adelanto aunque, tuvo su precio. Este nuevo sistema favoreció la instalación de una estación de radiocontrol aéreo en la isla. Esta nueva estación recogía los vuelos de artefactos no incluidos en líneas de vuelos regulares como los militares y los privados. La estación de radiocontrol fue construida por una sociedad multinacional que ofrecía los datos obtenidos al mejor postor. En una sociedad red fluida como la actual existe un tipo de panoptismo de ejercicio compartido que registra las iniciativas extraoficiales de las distintas partes del mundo. En esta estación de control, viven siete personas que trabajan por turnos. Son de distintas nacionalidades aunque hablan un lenguaje común, el algorítmico.


Desde el inicio de la Tercera Gran Guerra, el peso de la política en las decisiones colectivas es casi testimonial. Ahora, las decisiones se toman desde puntos remotos del mundo obedeciendo a intereses monetaristas. Así, parece que todo el mundo gana aunque resulte difícil pensar que nadie pierde en el reparto de un número finito de objetos entre una población creciente. Puede pensarse que la guerra actual se libra a partir de la globalización de los conflictos hasta el punto de eliminar el concepto de etnia. Existe el enemigo pero se desconoce su ubicación. La situación actual podría llamarse de guerra discursiva en la que no hay desfiles militares ni trincheras pero, sigue habiendo campos de refugiados o de concentración y poblaciones condenadas a la miseria. La población privilegiada, la que concentra una mayor riqueza, no parece estar para muchos replanteamientos. Es una población infantilizada y amoral que se refugia en un mundo de imágenes y colores para buscar únicamente el placer inmediato y la luz que los haga brillar aunque sólo sea un segundo. En esta situación, los drones han sido clave para las prácticas de observación panóptica y los ataques selectivos.


Desde hace unos años, la torre de control del tráfico aéreo registra algunos vuelos de aviones militares y un tráfico creciente de drones. La ventaja que ofrecen los drones es que no necesitan bandera para volar. De todas maneras, el registro del flujo aéreo sigue siendo un buen indicador de las actividades de los distintos países. Se puede afirmar que el desarrollo de la tecnología de los drones está desplazando a la tecnología de la combustión. Además, las distintas aplicaciones de inteligencia artificial han permitido corregir de manera instantánea los errores de trayectoria provocados por las tormentas. Así, los drones pueden volar todos los días del año bajo cualquier condición climática. Cada día llegan a la isla de Soul numerosos drones cargados con materiales y pedidos personales.


Los drones, además de ser una mejora de la vida de los habitantes de la isla, han facilitado la creación de un tercer edificio en la isla: un laboratorio de biología molecular dedicado a la investigación de nuevos microorganismos. Esta construcción es la de menor tamaño y en ella conviven cuatro personas rodeadas de campanas de flujo y de termocicladores. La ubicación del laboratorio es óptima para garantizar la alta seguridad que precisa su actividad pero, además, esta ubicación garantiza el secretismo necesario para el desarrollo de proyectos anónimos generados por encargos de industrias farmacéuticas y gobiernos de todo el mundo. Y es que, la nueva Revolución Industrial ya no se preocupa de la velocidad de los procesos de producción, ahora, la atención se centra en la posibilidad de manipulación de los procesos de producción y de reproducción de la vida hasta el punto de obligar a la redefinición del significado de estar vivo. Ya no sirve la definición de la vida como una materia sensible.


No hay comunicación entre los integrantes de las tres edificaciones que están blindadas por bloques de hielo azul. De todas maneras, de cada una de estas unidades de convivencia sale un corredor subterráneo que confluye en el Espacio Da Vinci donde se encuentra el robot encargado de prestar servicios médicos a los habitantes de la isla. En nombre de la confidencialidad, sólo se permite la entrada de un sólo paciente por vez. Da Vinci actualiza y guarda las historias clínicas, los calendarios vacunales, las últimas voluntades y los equipos médicos preferidos por cada paciente para la realización de las consultas. Cuando alguien se siente enfermo, Da Vinci introduce una pequeña aguja debajo de la piel del paciente y va enviando los datos a los distintos equipos de los hospitales elegidos por cada paciente. Los equipos médicos serán los encargados de programar las rutinas diagnósticas y terapéuticas. Da Vinci puede realizar pruebas diagnósticas, aplicar tratamientos médicos y realizar cualquier tipo de cirugía con sus múltiples brazos dirigidos a distancia.


Desde que se ha impuesto la medicina privada como única forma de atención, han proliferado por todo el planeta artilugios como Da Vinci o como la Máquina de Turing diseñada para la asistencia psicológica. Soul también dispone de una Máquina de Turing y funciona de manera similar a las acciones de Da Vinci. Así, el paciente puede elegir equipo terapéutico, escuela de pensamiento y paradigmas para la resolución de problemas. Casi siempre se trata de problemas de ansiedad o de depresión ya que, los habitantes de la isla han sido seleccionados de manera muy estricta según unos perfiles psicológicos muy detallados.


Ahora, todas las grandes empresas ofrecen a sus empleados una conexión a algún tipo de artilugio generador de salud. Hay que cuidar a quienes velan por el orden mundial y reparan los fallos de estructura de la sociedad. La eliminación de la medicina pública obliga a pagar los gastos médicos a quienes no están contratados por grandes corporaciones. Los viejos y los inadaptados se ven forzados a contratar servicios de eutanasia cuando enferman. De todas maneras, aún existen servicios públicos de pediatría y de medicina reproductiva. Respecto al cuidado de los menores, existen grandes equipos de puericultura que aseguran nuevas generaciones cada vez más saludables. Y es que los estados sólo invierten en la ampliación de los horizontes de oportunidades y consideran una mala opción dedicar esfuerzos a la curación de neoplasias, enfermedades congénitas y trastornos mentales. Así que cada familia deberá hacer frente a los gastos generados por estas malas opciones aunque siempre es mejor intentar una mejora de la estirpe con un nuevo hijo y dejar al defectuoso en una inclusa.


Recientemente, ha habido muchos avances en el ámbito de la salud reproductiva. Las novedades en reparación genética, selección de gametos, abortos selectivos y úteros autorregulables han permitido la obtención de individuos con una mejor adaptación a determinados estilos de vida que exigen los distintos entornos sociales. Lo único que podría ser problemático entre los habitantes de Soul es que nadie había previsto una fecha de salida de la isla. Llegaron el día que llegaron y ahí están, sin que nadie hable de este tema. Lo que era un trabajo concreto se había convertido en todo un estilo de vida. Esta calma laboral ha representado todo un éxito para los equipos de recursos humanos cuando elaboraron el perfil Soul que define unos rasgos personales que hacen la estancia en Soul deseable y satisfactoria. Para los habitantes de la isla, la vida en las unidades de convivencia era plácida e invitaba a disfrutar de la adquisición de conocimientos. Cada habitante tenía su trabajo centrado en sus temas preferidos y podía desarrollarlo sin presiones de competencia ni fechas de entrega. Cada cual tenía un espacio privado para dedicarse a actividades de ocio. Estaba permitido el consumo moderado de drogas, las prácticas sexuales entre los integrantes de cada unidad de convivencia y la conexión a determinados metaversos que permitían la vivencia de diferentes identidades. Estas conexiones se realizaban dentro de unos sarcófagos de neopreno cuyos sensores aseguraban una vivencia real de las circunstancias creadas por el relato de cada usuario.


Un día de tantos, en la estación de biología molecular, ocurrió algo que pasó casi desapercibido al resto del mundo ya que, los trabajadores prefirieron no activar las alarmas de riesgo biológico por miedo a perder sus empleos, para no provocar una alarma mundial y para no tener que desvelar los resultados de sus trabajos. Todo un racimo de motivos que no hizo necesario hablar del tema entre ellos.


El día del accidente tocaba cambiar los sobrenadantes de los cultivos celulares. Una de las líneas de trabajo, liderada por Bo, consistía en el mantenimiento de la estabilidad de cultivos de células humanas del epitelio respiratorio para poder alojar en su interior a virus respiratorios humanos de diferentes estirpes. Elisa, mantenía en estos cultivos numerosos tipos, serotipos y familias de virus. Elisa seleccionaba aquellos virus que presentaban en su secuencia porciones con una facilidad elevada de inserción de fragmentos funcionales de otros virus o de cualquier otro organismo. Este era un buen sistema para dotar de propiedades nuevas a un determinado microorganismo. Esto abría muchas posibilidades de acción contra infecciones resistentes a los tratamientos habituales o sin un tratamiento eficaz. Marc estudiaba la posibilidad de inducir mediante mutaciones de microorganismos la síntesis de hormonas humanas o de nuevos antimicrobianos. Sue era la encargada de desarrollar los métodos de aislamiento de las nuevas proteínas sintetizadas y de secuenciar las mutaciones y los polimorfismos de los nuevos virus. Entre los cuatro participantes estaban desarrollando toda una obra de ingeniería genética que consistía el el aislamiento de los mecanismos neutralizantes de las enfermedades, su inserción en un vector vírico o en un liposoma y el ensamblaje de este nuevo mecanismo curativo en las células humanas. Fué tan grande el entusiasmo que provocaron los resultados previos que nadie pensó en la posibilidad de efectos adversos de esta nueva técnica.


El día del accidente, se encontraban los cuatro integrantes del equipo en la sala de cultivos. Había que comprobar la viabilidad de las células epiteliales y la preparación del nuevo medio de cultivo. Cada cual trabajaba dentro de una campana de flujo laminar y como equipo de protección individual, llevaban un traje hermético e impermeable a salpicaduras y gases. El traje estaba conectado a un equipo externo de protección respiratoria. Todo este equipo hacía que la movilidad para desarrollar el trabajo fuera muy reducida. Por este motivo, cada integrante tenía una campana de flujo laminar propia y todo el instrumental necesario para el trabajo del día ya que era casi imposible el intercambio de material entre los integrantes del grupo.


El primero en darse cuenta de que algo no estaba como siempre fue Bo – Parece que hoy corre más el aire- dijo mientras apuntaba con la pipeta el techo de su campana de flujo laminar.


-No he notado nada- contestó Elisa- la verdad es que con estos trajes que llevamos nos aislamos del entorno.


-Yo también estoy aislado- siguió Bo mientras señalaba unas gotas de líquido que descendían por las paredes empujadas por el flujo de aire- pero, las gotas de desinfectante parece que hagan carreras por las paredes de la campana.


-Tienes razón, no me había fijado- dijo Pol mientras añadía con la pipeta unas gotas de medio de cultivo al lado de las de desinfectante.


La velocidad del líquido y las estelas juguetonas que se formaban en las paredes de las campanas fueron motivos de risa compartida. Todos iban añadiendo gotas de distintos colores con sus pipetas y, mientras no paraban de reir, se dejaron llevar, por primera vez, por vivencias del pasado. Y, es que el juego tiene mucho poder. De todas maneras, había algo siniestro en el juego de la gota que todos percibieron pero, nadie se atrevió a expresar. Era como si cada una de esas gotas fuera un punto y final que remitiera al principio de la experiencia con los coronavirus.


Aunque los integrantes del equipo de virología compartían muchos rasgos comunes, cada cual enfocaba la vida a su manera. Siempre había aspectos muy personales determinantes de las decisiones que las hacía únicas. Algunas veces, se busca la estabilidad y se disfruta de la previsión de los días futuros para evitar, así, sobresaltos. Son esos días en los que se prepara la ropa del día siguiente ya que está previsto hasta el tiempo que hará. Otras veces se desconoce hasta donde se va a dormir el día siguiente, son días despreocupados en los que las decisiones las toma el fluir del momento. Hay personas que deciden hacer algo nuevo cada día mientras que otras, dedican mucho tiempo a repasar las novedades el día de su cumpleaños. Esta variabilidad determinaba que cada integrante del equipo tuviera una historia propia de una misma vivencia. Y, es que todo es cuestión del lugar donde se pone el acento.


Bo tuvo flashes de su salida de China y de su trabajo en diferentes laboratorios de biología molecular occidentales. Recordó la risa de su hija el primer día que se encontraron en Europa, la expresión de miedo de su mujer a causa de los interminables controles de pasaporte, el diccionario que les regaló para aprender el idioma y el placer de la primera cena los tres juntos. Madre e hija aprendieron el idioma en tres meses. El método no era muy sofisticado pero, sí muy eficaz. Le entregaban el diccionario a su interlocutor y este buscaba la palabra clave en el diccionario, ellas hacían lo mismo y por la noche, memorizaban las palabras que habían aprendido durante el día. Bo aún recuerda lo contentas que estaban cada vez que aprendían una lista nueva. Estos flashes conformaron un cierto sentimiento de añoranza hacia su mujer y su hija. Fueron días de felicidad aunque no llegaran a sumar unos pocos meses. Enseguida recibieron una carta que las obligaba a volver a su país para cuidar a un familiar enfermo. Bo quería terminar sus trabajos y le pareció una buena idea hacerlo en Soul para luego, volver a su país. Mientras, el gobierno chino cortó cualquier tipo de comunicación entre Bo y su família. No las ha vuelto a ver nunca más. Y ahora creía y cada vez con más fuerza, que este era un viaje sin retorno, su último viaje. Ahora corría por su mejilla una lágrima a una velocidad más lenta que las gotas de las campanas. La lágrima de Bo era una gota contenida.


Elisa se dio cuenta del estado de ánimo de Bo. Nunca encontrará un compañero de trabajo igual. Elisa recordó con una sonrisa la mala bienvenida que le dió a Bo. Todavía recuerda las veces que le negó a Bo que estaba a disgusto con él y que esta sensación que él tenía no era más que una paranoia. Pasada la primera semana con su nuevo compañero, Elisa redactó una queja a su jefe inmediato sobre los malos hábitos de su nuevo compañero. Unos días después llamaron a Bo y lo citaron en el despacho del jefe de servicio para informarle de que Elisa se había quejado de su hábito de escupir en las papeleras y de no usar pañuelos para sonarse la nariz, ni estando resfriado. Después de la reunión, Bo apareció en su puesto de trabajo con una caja inmensa de pañuelos de papel, paseó la caja por delante del rostro de Elisa, cogió un pañuelo y se sonó tan fuerte como pudo. Y, es que nunca hubiera adivinado que este era el motivo del rechazo que sentía de parte de su compañera de laboratorio. Es cierto que le llamó la atención que todo el mundo guardaba sus mocos en los bolsillos pero, nunca hubiera concluido que sus hábitos de higiene personal le apartarían de sus compañeros de trabajo. Desde aquel día, la lista de sus pedidos estaba engrosada por un cargamento de rollos de papel de cocina que siempre ponía encima de las mesas donde se sentaba. Elisa se puso a reir cuando localizó la caja de pañuelos de Bo en la sala de cultivos.


Sue fue la última en llegar tenía una gran habilidad manipulando los materiales. Era la más práctica del equipo y tendía a simplificar los conceptos teóricos hasta el punto de dejarlos reducidos a una flecha o a un asterisco. Los primeros días tras su llegada, sólo buscaba rincones donde poder llorar un poco. Se sentía afortunada profesionalmente pero, muy desgraciada en el terreno personal. Sue estaba convencida que no tenía el nivel suficiente para formar parte del equipo de virología de Soul pero, ahí estaba, toda una especialista en coronavirus. Y es que, Sue vivía en una eterna contradicción que le obligaba a construir nuevas imágenes de ella misma a cada situación vivida. La inseguridad era el sentimiento que guiaba los pasos de Sue y su vida personal es lo que más se resintió de su manera de ser. Llegó a Soul sin haber encontrado el momento de decirle a su pareja que se iba por un tiempo indeterminado pensando que el secretismo de Soul iba a diluir sus remordimientos. Así, con un ahora vuelvo, cogió su mochila y cerró la puerta de casa. Su marido aún sigue buscándola como un loco por todas partes. Sue no vio crecer a su hijo. Esta manera de empezar nuevas vidas sin cerrar situaciones anteriores, se convirtió en un estilo propio de toma de decisiones. Esta manera de aceptar lo que se ponía por delante sin poner condiciones fue lo que llevó a Sue a casarse con el primero que le escribió cartas de amor copiadas de un romancero popular. El escritor era un chico de maneras un tanto agoriladas que ganaba bastante dinero con el negocio del vino que tenía en un terreno familiar que había heredado no hacía mucho. Marcos consideraba que estudiar era una pérdida de tiempo y una manera un tanto elegante de convertirse en un parásito social. Este fué el motivo por el que Sue empezó a aguantar comentarios y humillaciones que se normalizaron mientras se repetía, como una letanía, que nunca iba a casarse. Pero, Sue no sólo se casó con el más atávico que conocía sinó que justo después de un año de la boda, tuvo un hijo. Pedro, un hijo igual que su padre con la única diferencia que bebía leche en vez de vino hasta quedar inconsciente varias veces al día. Sue no sentía nada por aquel nuevo trozo de carne, sólo era un impedimento que la alejaba de sus moléculas. Cerrar la puerta de casa y subirse a un avión fue lo mejor que se le ocurrió para acabar con su ansiedad creciente. Nunca era muy consciente de lo que hacía y se fue con la idea de estar fuera unos días para luego, volver con las pilas cargadas de optimismo.

Sue fue la última en incorporarse al equipo de virología. Tenía una gran habilidad manipulando materiales. Era la más práctica del equipo y tendía a simplificar los conceptos teóricos como si necesitara todo el espacio de memoria disponible para sus creaciones en el laboratorio. Sue llegó de Nueva York aunque parecía que venía de Marte; era muy retraída, hablaba poco y lloraba por cualquier cosa. De todas maneras, Sue tenía su orgullo y se escondía para llorar o para esperar a que se le pasaran los sofocones. Se ponía roja enseguida y por cualquier cosa. No fueron fáciles sus primeros días en Soul. Le tocaba trabajar con Paul, un químico retraído y de maneras un tanto bruscas que, cuando le dijeron que compartiría poyata con Sue, sacó una regla, midió la mitad exacta y trazó con un lápiz una línea vertical mientras le decía a Sue que no debía cruzar la línea con sus mugres. Mientras decía estas palabras tan amables, Paul iba desplegando con un encaje exacto y como si fuera un mapa estratégico las distintas cajas de puntas de pipeta, los rotuladores y las rejillas de tubos de ensayo. Todos los lápices estaban bien afilados y las libretas abiertas por páginas en blanco. El principio de un nuevo día lo marcaba la puesta en marcha del ordenador y la construcción en los límites de su espacio de trabajo de una trinchera a base de espráis desinfectantes, jabones líquidos y distintos tipos de estropajos.


Sue lloraba mientras volcaba el contenido de unas cuantas bolsas en su porción de poyata. Se abría espacio mediante la confección errática de montículos de objetos. Parecía que tanto Sue como Paul no habían tenido suerte con sus compañeros de trabajo. De todas maneras, estaban condenados a entenderse ya que no sólo compartirían espacios sinó que también compartirían proyecto. Iban a trabajar con la obtención de liposomas. Los liposomas son bolsas de lípidos insolubles en el plasma que sirven para transportar en su interior, fármacos hasta los tejidos diana. El liposoma reconoce al tejido a tratar mediante la inserción en su superficie de anticuerpos específicos contra el órgano a tratar. Así, el liposoma fija su anticuerpo al receptor diana y libera el fármaco. Esta modalidad de tratamiento permite utilizar dosis altas de fármaco con unos efectos secundarios mínimos. Ahora, cualquier laboratorio que se precie dispone de una librería de liposomas para poder poner en órbita biológica cualquier fármaco modificador de funciones celulares concretas.


Respecto a los liposomas, había un problema no resuelto. Muchas veces, estas macromoléculas marcadas con distintos anticuerpos, desaparecían del organismo tras un día de su inyección. No se encontraban en los tejidos diana ni libres en el plasma. Los liposomas y toda su carga desaparecían como por arte de magia. Y seguían las diferencias entre los dos colaboradores. Así, mientras Paul afirmaba que era un problema de carga eléctrica, Sue apuntaba, desde la timidez, que el problema estaba en la estructura terciaria de los liposomas. Paul empezó a trabajar con índices de solubilidad y cargas eléctricas y Sue estableció una batería de liposomas de distintos tamaños para medir el tiempo que tardaban en desaparecer. En ambos trabajos se pudo observar que el fármaco no desaparecía sinó que se encontraba dentro de los macrófagos del organismo. Los macrófagos son células dispersas por los distintos tejidos que se encargan de eliminar restos y detritus del organismo. Pués ahí estaban los restos de los liposomas y el fármaco nuevo a estrenar. Parece que había un tamaño molecular crítico con el que los liposomas podían escapar de la acción fagocítica de los macrófagos así como determinados potenciales de membrana que evitaban su destrucción. Una vez establecidos estos valores críticos, los liposomas campaban a sus anchas por todo el organismo. Poco tardaron en llenar estas mochilas biológicas de fármacos, vacunas y microorganismos. Paul y Sue entraron en un nuevo mundo con muchas cosas que compartir, además de los liposomas óptimos. Antes del hallazgo, se habían acercado por causas más personales. Ambos querían dejar de fumar y decidieron hacerlo juntos. Empezaron fumando un cigarrillo cada hora del día e ir alargando ese tiempo cada cuatro días. Fumaron a golpe del despertador que Paul ponía para indicar el encendido.


Paul también tenía una danza de gotitas en las paredes de su campana y quedó ensimismado mirando sus movimientos. Paul era callado y en apariencia aburrido. Contenía en todo momento las batallas que se libraban en su interior. Él mismo fabricaba sus propios monstruos de los que sentía miedo. Sólo el orden y una disciplina soviética le hacían sentirse seguro. Y, es que, Paul tenía una imaginación desbordada que debía atender en todo momento. Se pasaba el día creando proyectos, protocolos y dibujando, a ratos libres.


Así, cada cual ensimismado en su pasado, intentaban dibujar una línea vital que los llevó a juguetear con unas gotas misteriosas que limpiaron como si no pasara nada. Quitaron los filtros de las campanas, eran de otra marca y más delgados al tacto. Se miraron un momento y, sin hacer ningún comentario, lo tiraron al bidón de restos biológicos que se llevaría el helicóptero dentro de un par de días para su incineración.


Nadie hizo ningún cometario, ni siquiera el día que Paul tuvo fiebre. 39ºC marcaba su termómetro. Fue a la sala Da Vinci donde le hicieron analítica de sangre, sedimento de orina y le tomaron una radiografía de tórax. Le dijeron que padecía una virosis y que guardara cama unos días. El paracetamol y la ingesta de líquidos le harían bien.


Al día siguiente, los otros tres componentes del equipo de virología presentaron síntomas parecidos a los de Paul y obtuvieron una respuesta similar de Da Vinci: una virosis que debería tratarse con medidas de soporte. El robot también aconsejó aislamiento en sus habitaciones hasta la remisión de los síntomas. Así lo hicieron. Nadie salió nunca más de sus habitaciones.


Pasadas unas semanas, el personal encargado de pilotar los drones que servían el material y recogían los residuos, alertaron a la central de la falta de respuestas a los envíos y de la ausencia de residuos. Fueron vanos todos los intentos de comunicación con el personal de la isla. Tras unos días, llegaron a Soul unos helicópteros con los inspectores. Sólo encontraron a Paul con vida, agonizando. Pudo decir que tenía la sospecha de un fallo en los filtros de las campanas de flujo laminar. Los inspectores comprobaron que los últimos filtros utilizados no eran de riesgo biológico. Se llevaron los que se colocaron por error, y por error también se llevaron al nuevo virus.


Lo único que es cierto de todo este relato es que se desconoce el lugar, el momento y la manera en que surgió el nuevo coronavirus. Además, la transparencia es escasa. Sólo se permitió la entrada a los virólogos de la OMS al laboratorio de virología de Wuhan unas tres horas. Falta información sobre si el SARS-Cov-2 es la mutación de un virus propio de los murciélagos o bien si fué un accidente de una fabricación deliberada del nuevo virus en el laboratorio. No se ha podido identificar con certeza al paciente cero y se ha vinculado el inicio de la infección con un mercado de animales vivos y con unos murciélagos que vivían en unas minas. Una vez cerrados los mercados, siguió la infección y ninguno de los mineros que trabajó en las minas de los murciélagos contrajo la enfermedad.