Sarah Kane
No
hace mucho tiempo leí “Psicosis 4.48”, la obra póstuma de Sarah
Kane. Luego fui remontando a través de la cronología de sus cuatro
obras hasta leer “Devastados”, la obra con la que debutó. La
lectura de estas obras consiguió estremecerme y me di cuenta que
Sarah conseguía lo que se proponía: hacer sentir emociones extremas
mientras que forzaba a la reflexión sobre el dolor vital. Y esta era
la finalidad del movimiento teatral “In- year- face” del que
Sarah Kane fue precursora. Y así fue como se despidió Sarah,
diciéndonos adiós “a la cara”, despidiéndose “en nuestras
narices”.
El
título recoge la hora, las 4.48, que las estadísticas maximizan el
índice de suicidios. La obra representa a una paciente que narra en
primera persona su ingreso en un centro psiquiátrico definido como
un “larguísimo silencio”, silencio que vivió la propia Sarah,
el “hermafrodita herido” que escapó “como una cucaracha” con
su suicidio a los 28 años. La obra describe un viaje sin retorno en
un hospital psiquiátrico en el cual “No consigo estar sola. No
consigo estar con los demás” e intenta sincronizar la dinámica
del centro (la indicación del ingreso, la relación con el personal
del centro y con los fármacos). En la obra se advierten los
distintos aspectos de la vida de Kane que la abocan a su final: su
vida emocional y el sentido de la vida. Todo duele mientras no se
elija el papel a representar, en la vida se puede ser víctima,
ejecutor o espectador o los tres a la vez o en alternancia. Pero, a
Sarah no le gustó ningún papel1.
Esta
obra se estrenó poco después de la muerte de su autora y se
interpretó, de manera generalizada, como una obra de contenido
autobiográfico. Todo el público la vio en absoluto silencio. Sólo
una persona aplaudió al final. Kane anuncia en su obra que “ a las
4.48/ cuando la desesperación pasa visita/ me ahorcaré/ al ritmo de
la respiración de mi amante.” Y así lo hizo, aunque su amante
estaba lejos envuelto en harapos de falsedades. Pero, amante al fin
“que me
tocó por voluntad propia, que me miró a los ojos, que se rió de
mis gracias macabras pronunciadas con voz de ultratumba, que me
mintió y me dijo que se alegraba de verme. Que me mintió. Y me
dijo que se alegraba de verme. Te he creído, te he amado, y no es
el hecho de perderte lo que me hace estar mal, sino tus descaradas
mentiras de mierda aquellas bufonadas despachadas por prescripción
facultativa.”
Sara
Kane nace en 1971 en el sur de Essex (Inglaterra). Desde la
adolescencia destacó en las distintas disciplinas del teatro y fue
una estudiante destacada en la Universidad. Fue una de las pioneras
de la corriente teatral “in- yer- face” de los años 90 en
Inglaterra. Este movimiento pretende transmitir la vivencia de las
emociones provocadas por situaciones extremas. No se aprecia sadismo
escénico en las expresiones de crueldad ya que se expresan de manera
fría y despersonalizada, “Una yo que jamás he conocido, el rostro
impreso sobre el revés de mi mente.” La propia Sarah explica que
la despersonalización es ese punto de no retorno, es el dejarse caer
al vacío, “¿Cómo puedo volver a una estructura si ya no tengo un
pensamiento estructurado?”
Al
final de la obra, Sarah explica lo que hace en aquel momento, “Cien
Lofepraminas, cuarenta y cinco Zoplicones, veinticinco Temazepames y
veinte Melleriles./ Todo lo que tenía/ Tragadas/ Un tajo/ Ahorcada/
Está hecho”. Una vez concluida “mi última sumisión/ mi último
fracaso” Sarah termina su última obra con un que siga la función,
con un “por favor abrid el telón” y todo lo vivido hasta ahora
es a telón cerrado, el público dejó de serlo sin darse cuenta, el
público se convirtió en cómplice y ejecutor. La verdadera
representación es el silencio generado que se alargará hasta el
final de los días.
1-
Tycer, A. (2008) “Victim, perpetrator, bystander: melancholic
witnessing of Sarah Kane's 4.48
psychosis.” Theatre
Journal 60: 23- 36.
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