Pollok (2013) afirma que la construcción de una historia feminista del arte no consiste solo en la búsqueda de mujeres artistas y su inclusión en la época correspondiente de la historia. Lo que propone la autora es la deconstrucción de la historia oficial del arte buscando elementos que permitan la construcción de la mujer desde la vivencia de ser mujer. Así, el objetivo final de la historia feminista del arte no consiste en la inclusión, más o menos equiparada en número, de mujeres artistas en el mundo masculino sino de otorgarles, con pleno derecho, la ocupación de espacios públicos de intercambio simbólico.
Este nuevo objetivo implica un cambio de paradigma en la manera de hacer la historia que se materializa a través de las intervenciones feministas. Intervenciones que adquieren un carácter dinámico en la medida que implican una práctica en lugar de la contemplación de un objeto creado con un valor de símbolo que debe interpretarse atendiendo a la carga semántica que evoca. Así, la práctica histórica está condicionada por su marco de producción y de interpretación. Estos marcos están determinados por la clase social, la etnia y el género de sus productores y de sus interpretes ya que, el arte, es un reflejo de la identidad no solo de quienes producen prácticas significativas sino también de quienes las interpretan. Por ejemplo, la obra de Romaine Brooks (Figura 1) fuerza al análisis de identidad de género, clase social y etnia para su lectura.
Figura 1
Algo similar ocurre con la obra de Tove Jansson (Figura 2) que subvierte el rol de cuidadora asignado a las mujeres desde su nacimiento y lo convierte en un espacio propio del discurso femenino.
Figura 2
A título personal, quisiera incluir la edad como un cuarto factor determinante de la identidad y de la posición relativa en los marcos interpretativos que se imbrica con el género, la clase social y la etnia y que también es un determinante de aceptación o de rechazo social. Por ejemplo, la definición de persona mayor varía según su marco interpretativo. Puede considerarse como fuera del sistema a quien pase de la edad de jubilación, a un hombre gay de más de 40 años, a una mujer heterosexual de más de 35 años, a un hombre heterosexual o a una mujer lesbiana de más de 50 años, etc. También hay determinadas actitudes asociadas a la edad como el dinamismo que se considera una característica de la juventud (Figura 3) o las actitudes más contemplativas que se atribuyen a los grupos de más edad (figura 4)
Figura 3 (fotografía de A. Leivobitz)
Figura 4(fotografía de A. Leivobitz)
Las prácticas feministas del arte ponen el foco en los códigos visuales del placer. El documental Women Art Revolution (2010) muestra distintas maneras de subvertir los cánones del arte para la obtención de nuevos códigos visuales. Así, mediante una práctica transformadora se consiguen gestos creadores de significados que se opongan a la repetición de los mundos masculinos heteropatriarcales.
R. Zafra (2014) suscribe los postulados de Pollok y va más allá de los modos de hacer de la práctica feminista en el mundo del arte afirmando que la sola elección de los medios y de las técnicas creativas tienen el poder suficiente para poder hacer frente a las fuerzas de domesticación. Zafra argumenta el interés de las prácticas artísticas feministas por la tecnología y las redes. El mundo digital es el territorio por excelencia de la artificialidad y la representación y genera un entorno óptimo de encuentro de las contradicciones entre los estereotipos y sus reformulaciones. Y, es que el mundo digital obliga a una constante reformulación del arte desde su definición.
Bibliografía comentada
Documental WAR: Women Art Revolution, de Lynn Hershman-Leeson, 2010.
Pollock, G (2013) Intervenciones feministas en las historias del arte. Una introducción. En Visión y diferencia. Feminismo, feminidad e historias del arte. Buenos Aires: Fiordo. pp. 18- 50 (1ª edición en inglés 1988).
Zafra, R. (2014) Arte, feminismo y tecnología. Reflexiones sobre formas creativas y formas de domesticación. Quaderns de Psicologia 16(1) 97-109. ISNN: 0211-3481.
El texto de G. Pollok invita a abandonar la búsqueda de mujeres artistas susceptibles de ser incluidas, de alguna manera, en la historia del arte. La autora afirma que esta práctica refuerza la jerarquía dominante con un ella también es capaz que, en el mejor de los casos se traducirá en un efecto de tokenización. Esto significa la incorporación de algunos nombres femeninos a las distintas corrientes artísticas para acallar las voces reivindicativas. Voces que cuestionan los cimientos de las distintas corrientes de pensamiento así como la validez del paradigma imperante. Voces que exigen presencia en los espacios públicos además de un tratamiento igualitario con los discursos de otras naturalezas. Voces que desde su origen tienen un carácter dinámico en los procesos de intercambio simbólico y que se resisten a ser incorporadas al discurso dominante a partir de un efecto de minorización.
Desde los inicios del discurso feminista, se propone un cambio de paradigma para el abordaje de la historia del arte para poder tratar las obras como una práctica y no como objetos ceñidos, en una u otra medida, a determinados cánones estéticos. Este cambio de paradigma implica la introducción de dinamismo en la mirada histórica. El arte deja de ser un agregado de objetos que cumplen ciertos criterios para convertirse en un espacio de intercambio simbólico interrelacionado con los espacios de otras prácticas culturales. Este nuevo paradigma permite definir el consumo del arte como las distintas posiciones relativas de los espectadores dentro del espacio artístico que dará lugar a distintas reconstrucciones o lecturas de una misma obra. Con esta nueva perspectiva interpretativa cobra importancia el contexto del observador.
En este último aspecto surge una duda. Mirando el documental, puede pensarse que las obras se agrupan según su función social: asociacionismo, encriptación de la identidad, uso de nuevos medios, etc. Todo esto surgió como una proyección natural de un sector de sociedad norteamericana de la época. Pero, la realidad de las mujeres de los 70 era muy distinta en España. Por ejemplo, M. Rododera se revuelve en el seno de una familia tradicional al tiempo que arremete contra el feminismo, E. Boix intenta recuperar el expresionismo y reunir a los artistas españoles de posguerra contrarios al franquismo y A. Riera opta por crear un mundo personal marcado por la perspectiva de género.
La importación del discurso feminista tuvo una buena aceptación en el mundo académico pero, creo que debería estudiarse las interpretaciones de las mujeres españolas de la época. Y, es que un discurso es mucho más que la traducción de palabras encadenadas.
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