Muchas de las prácticas artísticas contemporáneas se sirven de las telecomunicaciones. Esto cambia un espacio estático de debate por las distintas interacciones entre los nodos de una red. Si, además, las prácticas artísticas se hibridan con las ciencias y la tecnología es necesario un nuevo estilo de participación que se define bajo el concepto de nuevo humanismo, tercera cultura o humanismo 2.0. Estilo caracterizado por un intento de eliminación de la brecha cognitiva existente entre los distintos ámbitos de conocimiento.
Las artes visuales a partir del siglo XX están influidas, de manera directa o indirecta, por los nuevos medios técnicos (vídeo y computación) configurando un nuevo espacio dialéctico en el que el agregado de todos los medios constituyen un medio universal. Este espacio se caracteriza por un abandono de la representación de la realidad, la disolución del concepto de obra y la reformulación de la autoría (Weibel, 2006). Estos nuevos planteamientos también implican cambios identitarios a causa de la modificación de las formas de interacción social. Así, las distintas formas de comunicación pueden modificar los procesos de subjetivación (proceso de conocimiento de sí mismo y de construcción de la identidad). Los nuevos medios han propiciado un cambio en la interpretación de la realidad al desplazar el punto de vista, de externo a interno, y al centrarse en el contexto. Ahora, el observador es participativo e integra en el nuevo discurso elementos autoreferenciales para resolver las ambigüedades de la imagen real que ahora es intangible e interactiva (Weibel, 2000).
El cuerpo ha sido un tema recurrente en el arte desde sus orígenes y ha servido de soporte para la creación de las identidades mediáticas. Su concepto, en términos de lenguaje, ha ido modificándose a lo largo del tiempo. Hasta el siglo XX, el estereotipo femenino de la cultura occidental era un cuerpo joven, sexualizado y provocador capaz de envolver con sus encantos al macho heterosexual manteniendose inmóvil y sumisa. A principios del siglo XX, la mujer cobra vida aunque se sigue definiendo dentro de un discurso de alteridad. Se puede poner como ejemplo la propuesta de Coco Chanel que proyecta una mujer más intelectual, dinámica y autónoma y elimina de la vestimenta femenina aquellos aspectos cuya finalidad eran ensalzar los atributos físicos femeninos (Barthes, 2003). De todas maneras, la propuesta de Chanel mantiene los mismos paradigmas interpretativos de la figura femenina: cosificada, inexpresiva y eróticamente aceptable (Barbaño y Muñoz, 2017). Chanel sigue interpretando al sujeto y enunciando su manera de ver el mundo y su estilo de vida. Chanel redefine el estereotipo femenino según sus funcionalidades.
Posteriormente, la introducción de la tecnología en el arte ha facilitado distintas maneras de representación del cuerpo mediante la introducción de la conectividad como herramienta de enunciación. Esto ha permitido la fusión de diversos lenguajes, el acceso múltiple a la narración y la construcción de la subjetividad mediante el seguimiento de distintos itinerarios que conducen a diferentes nodos de concreción. Ya en los años 80, Donna Haraway (1991) propone el concepto de prótesis como elementos externos al sujeto, dinámicos y con contenido simbólico que abren un discurso en un espacio de intercambio dialéctico donde se mezcla lo humano y lo no-humano con un peso similar en el mensaje. Esto permite la relativización de los objetos y la dilución de lo social (Larrión, 2019). Al aceptar que todo es híbrido, múltiple y reticular, se resta importancia a las variables explicativas clásicas de la sociedad como los roles de género, clase social, etnias, etc. y cobran importancia los procesos de entrelazamiento y los de continuidad entre lo humano y lo no-humano. A la luz de estos postulados, se puede afirmar que el sujeto deja de existir como algo fuera de la narración, como la descripción de un estereotipo y puede adoptar distintos roles sociales, transformar la identidad y modificar el cuerpo a voluntad. De esta manera, la identidad deviene en artificio de igual forma que el cuerpo se construye y se reproduce a través de sus interacciones sociales (Martínez, 2006). El cuerpo virtualizado que propicia Internet es un cuerpo genérico que permite la construcción de distintas identidades o avatares determinada por la interconexión con distintas singularidades activas. Así, el cuerpo es un vehículo de intercambio que adquiere un sentido mientras está conectado e incluído en un grupo determinado (Martín, 2012). Internet rompe con las concepciones unitarias de la identidad y favorece la creación de múltiples identidades provisionales, ya que sólo existen en la interacción (chat, web, etc.) y se destruye cuando finaliza la comunicación. En la red, la construcción de la identidad basada en la confrontación dual es insuficiente. Los cuerpos a través de las máquinas dejan paso a identidades múltiples rearticuladas y reconstruidas con estrategias basadas en el injerto, en la recontextualización de fragmentos y en el copy-paste. Esta visión del cuerpo propiciada por el arte telemático ha sido la causa de que el feminismo (ciberfeminismo) adoptara el net.art como forma de expresión reivindicativa y como un espacio de reflexión sobre la identidad femenina. Y, es que la red ha sustituido el discurso de alteridad por la conectividad. Esto ha permitido construir un espacio de libre creación entorno a la red que difumina la identidad de género a la vez que favorece el anonimato y la multiplicidad de la autoría (Aguilar, 2011).
El net.art es un movimiento artístico iniciado en Europa a partir de los años 90. El término fue propuesto por el artista electrónico Vuc Cosic en 1995. Este movimiento se caracteriza por utilizar la plataforma de Internet para la ejecución de sus obras. Obras cuya creación se basa en el multimedia y en los lenguajes visuales de programación. Muchas obras tienen un carácter participativo y el público suele completar el proceso de comunicación artística. Dentro de este movimiento hay distintas corrientes como el body-art o el arte carnal pero, en la actualidad, las fronteras entre las distintas corrientes del net.art y el resto de las artes híbridas se están diluyendo, ya que muchas de ellas participan en la red (https://proyectoidis.org/net-art/ ).
R. Braidotti (2020) propone que el cuerpo que define el net.art es un sujeto aumentado, distribuido y transversal con unas capacidades relacionales. La subjetividad creada y la materialización del yo corporeo tienen que incluir la dependencia relacional en no humanos múltiples. Esta dependencia será la determinante de la capacidad para actuar. El sujeto posthumano queda definido por sus ensamblajes, flujos, intensidades y relaciones que involucran a distintas entidades humanas y no humanas. El sujeto posthumano se encuentra inmerso en una fantasía que consiste en la reducción de la inteligencia humana a una capacidad computacional incorpórea y a disolver el yo corpóreo dentro de matrix.
La electrónica aporta intangibilidad y multiplicidad a las obras de arte. Esto también ha influído en la estructura cognitiva que propone la dilución del objeto de la mirada del artista mediante su multiplicación para permitir centrar el contenido en la exploración de cosas intangibles como la violencia o la soledad. Por ejemplo, la obra de Natalie Bookchin The Intruder (https://vimeo.com/30022802) narra el cuento homónimo de J.L. Borges en el que dos hermanos se enamoran de una misma mujer. Viven los tres en la misma casa. Aparecen los celos y separa a los dos hermanos. Estos deciden matar a la mujer y volver a estar como antes. Natalie Bookchin construye esta historia mediante distintos videojuegos en los que actuan diferentes avatares de los personajes que construyen diferentes submundos privados que se suman por la proliferación de seres solitarios enfrentados al vacío del mundo paralelo de Internet. Así, The intruder deja de ser un conflicto moral entre dos hermanos para convertirse en el discurso de una violencia sin cuerpos. En otra de sus obras, Long history short ( https://vimeo.com/426768595 ) también recurre al mosaico de personajes que entrelazan sus vivencias con la pobreza y la exclusión social creando un relato polifónico sobre la pobreza en el que desaparecen los cuerpos pobres. Bookchin ofrece una manera de ocultar los cuerpos basada en la multiplicidad lo que ofrece un discurso centrado en el entramado que forman lenguajes y discursos ya existentes.
Otras net.artistas también utilizan la iteración como elemento estructurante del contenido de sus obras. Así, Irene Suosalo (https://proyectoidis.org/irene-suosalo/ ) centra la atención en elementos como la textura a partir de la repetición de formas. Otras net.artistas como Sabrine Ratté (https://proyectoidis.org/sabrine-ratte/) también utilizan la iteración para crear imágenes en la frontera entre lo virtual y lo real. En el caso de Sabrine, lo que se itera son líneas que siguiendo las leyes de la física, distorsionan la realidad.
Falta por determinar la deriva de la idea del cuerpo más allá del arte digital. El net.art ha demostrado su poder de ensamblaje que ha posibilitado la contemplación de lo oculto. Es cierto que utilizamos cada vez más prótesis para estructurar nuestro discurso en función de su capacidad de acción. De todas formas, es posible que alguna vez necesitemos de un retrato hiperrealista o de un paisaje o de una escena urbana como referencia identitaria. Y, es que, nacemos con un cuerpo humano, demasiado humano.
Bibliografía
Aguilar, M.T. (2011) No cuerpos, lugares del anonimato: el cuerpo en el net.art. TESI 12 (2) 184-202.!
Barbaño, M. y Muñoz, A.M. (2017) La construcción de la imagen de las mujeres: net.art y medios de comunicación. Hist Comun Soc 22 (1) 249- 260. !
Barthes, R. (2003) El sistema de la moda y otros escritos. Paidós. BCN pp 241-243.
Braidotti, R. (2020) El conocimiento posthumano. Gedisa. BCN pp 207-215.!
Haraway, D. (1991) A Cyborg Manifesto: Science, Technology, and Socialist- Feminism in the Late Twentieth Century. In Simians, Cyborgs and Woman: The Reinvention of Nature. Roudledge, NY pp 149- 155.!
Larrión, J. (2019) Teoría del actor-red. Síntesis y evaluación de la deriva postsocial de
Bruno Latour. Res 28 (2) 323- 341 ISS N: 1578-2824.!
Martín, J. (2012) Otros tiempos para el arte. Cuestiones y comentarios sobre el arte
actual. sendemà Editorial, Valencia pp 34-54. www.juanmartinprada.net/textos/
Martin_Prada_Juan_Otro_tiempo_para_el_arte_2012.pdf
Martínez, A. (2006) Tecnología y construcción de la subjetividad. La feminización de la representación cyborg. Mujeres en Red www.mujeresenred.net/spip.php?article1530!
Weibel, P. (2000) El mundo como interfaz. Elementos 40: 23-33.
Weibel, P. (2006) La condición postmedial. Revista Austral de Ciencias Sociales 10: 137-142.
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