lunes, 24 de agosto de 2015

Wanda Jakubowska


El reencuentro.

Leyendo el libro “Espejos en Auschwitz”, entre las páginas 35 y 62 encontré una sorpresa muy agradable: una referencia a la cineasta Wanda Jakubowska (Varsovia 1907- Varsovia 1998). La referencia era a una de sus primeras películas sobre la vida de las mujeres en el campo de concentración de Auschwitz, “Ostatni etap” (“La última parada”, 1948). (Aquí dejo el enlace de la película https://www.youtube.com/watch?v=jngFlQ-Ej8U). Debo confesar que también tuve una no tanta sorpresa, un poco más desagradable, cuando intenté buscar datos sobre su biografía y su manera de entender el mundo: sólo he podido encontrar unos cuantos datos sobre su vida académica y profesional. Creo que Jakubowska era alguien capaz de proponer muchos temas de reflexión y que luchó por ser escuchada. El tiempo y la distancia han reducido los 90 años vividos con intensidad a medio folio lleno de fechas. Folio que invita a contextualizar el argumento de las películas de Wanda sin dejar espacio para la expresión de sus sentimientos y opiniones. Y es que, cuando se habla de su trabajo, también se borra a la mujer. No se reflexiona sobre su voz, ni sobre sus sentimientos ni sobre sobre su manera de mirar la vida. Sólo se analizan, con un poco de desgana y porque no hay otro remedio, los hechos que narra y los datos técnicos aunque apunten hacia un estereotipo femenino. Así,  Jakubowska se muestra al mundo por todo aquello que no está recogido en su biografía: no se encuentran padres ni hermanos, no se conoce su infancia ni adolescencia ni el resto de vida, no consta un marido ni un divorcio ni una residencia fuera de Varsovia, tampoco se hace referencia a su posible descendencia. Tampoco se sabe si esta forma de mostrarse al mundo fue un deseo de la cineasta. Sobre todo cuando se habla de alguien que intentó dejar un testimonio del trozo de la historia que le tocó vivir. Lo que sí parece es que esta tímida lista de fechas es un reflejo del borrado social de las mujeres impuesto por el sistema patriarcal. Dificultades de visibilidad impuestas sin excepción por el heteropatriarcado a todas las mujeres para dejarlas fuera de los espacios públicos o, en el mejor de los casos, en sus fronteras. Así,  Jakubowska queda reducida a una película que marca un hito en la manera de narrar y que desarrolla un nuevo estilo en la forma de estructurar el testimonio de lo vivido: la evocación del reencuentro. Pero se ha despojado a Wanda de una genealogía, de una vida como ciudadana de su tiempo, de sus emociones y de su voz. No parece que todo esto sea por respeto a su vida privada.

Wanda  Jakubowska estudió historia del arte en la Universidad de Varsovia. En 1942 es arrestada por pertenecer al movimiento de la Resistencia Polaca. Tras permanecer 6 meses en la prisión de Pawiak en Varsovia, Jakubowska es trasladada al campo de concentración de Ravensbrück y finalmente a Auchswitz hasta el 18 de enero de 1945. La intensidad de las vivencias de estos años fueron determinantes de su vida profesional y personal. Durante sus casi 50 años de su carrera profesional dirigió unas 30 películas y escribió un número similar de guiones. Entre sus películas, se encuentra una trilogía dedicada a sus vivencias y a las de otras mujeres con actitudes de resistencia que lucharon contra el poder establecido en Auschwitz- Birkenau (“La última parada”, “El final de nuestro mundo” e “Invitación”). La primera de la trilogía, por orden cronológico, es “La última parada”, un retrato de la vida de las mujeres en el campo de concentración. Jakubowska recurre a su propia experiencia para ofrecer una imagen de la “fábrica de muerte” mediante figuras retóricas típicas de la narrativa concentracionaria tardía como la oscuridad y las imágenes realistas del campo. Así la película se rodó en Auschwitz- Birkenau y unas 350 actrices fueron antiguas deportadas del campo. Esto da autoridad a la película pero, no como un aclaramiento de la opacidad del régimen nazi si no como un documento de los testigos. La película puede considerarse como una muestra de la cotidianeidad de las mujeres en Auschwitz sin querer mostrar la estructura funcional del nazismo como en otras películas testimoniales como “Memory of the camps” de 1945 en la que predominan las escenas de grupos, de la organización del campo y de su funcionamiento. En cambio, lo que busca Jakubowska con su película mediante primeros planos y el encadenamiento de expresiones es mostrar el espíritu de supervivencia y la capacidad de generar ideas, creatividad y cotidianeidad por parte de la realidad del campo mostrada como un “collage” hecho de esqueletos, cadáveres amontonados, ratas y enfermedades como el tifus y la tuberculosis..   

Aunque en la escala de valores de Jakubowska no ocupa el primer lugar el feminismo ya que ella misma aceptó aspectos un tanto misóginos del estalinismo, se puede considerar a esta cineasta como una de las precursoras de la narración mediante testimonios del mundo femenino en los campos nazis, además de ofrecer una alternativa a las tesis de Lanzman (1981) que afirma que la ficción es una transgresión que acaba con el carácter único del Holocausto y que las imágenes son sólo fetiches que no pueden elaborar la memoria histórica.

Los discursos contra un grupo social consisten en convertir al otro, en los espacios dialécticos públicos, en algo no humano, distante y a eliminar. Una parte muy importante de la historia, a partir de los últimos siglos, está escrita mediante testimonios de ambos bandos que comparten un mismo mercado dialéctico y de opinión. En general, la recuperación de los testimonios femeninos es más tardía que la de los hombres. Esto se debe a que en la narración testimonial, se encuentran entremezclados el ámbito de lo personal con el político y la voz femenina siempre ha encontrado dificultades para llegar a los espacios públicos debido a la lógica patriarcal dominante. Así, en España, hasta el siglo XXI no se recogen testimonios femeninos del Holocausto.   

Cabe añadir que el guion de “La última parada” está coescrito con Gerda Schneider, una comunista alemana que conoció a Jakubowska en el campo. En el verano de 1945, Gerda y Wanda se encuentran en Berlín para empezar a escribir el guion de “La última parada”. Gerda escribió la primera versión en alemán y de su vida se sabe muy poco. Desde 1933 fue una presa política del régimen alemán y muchos testimonios de su entorno la recuerdan como alguien que adoptó una actitud valiente y ayudó a muchos compañeros desde su elevada posición en la jerarquía de prisioneros.

 Bibliografía

Haggith, T. and Iewman, J. (2005) Holocaust and the moving images. p.p. 226- 232, Wallflower Press, Ed.

Haltof, M. (2010) Return to Auschwitz. Wanda's Jakubowska's “The last stage” (1948).The Polish Review 55: 7-34.

Lanzman, C. (1981) Shoa. Le livre de Poche.

Rodríguez Serrano, A. (2015) Espejos en Auschwitz Ed. Shangrila.

Zamora, J.A. (2002) Negatividad y representación después de Auschwitz. En Reyes Mate (ed.) La filosofía después del Holocausto. Ed. Riopiedras. p.p. 277- 303.

viernes, 21 de agosto de 2015

Narración 6

Una indiferencia.
La tarde pasada, María estaba tranquila en el sofá de su casa. Era martes y los martes por la tarde tiene fiesta en el trabajo. Por la ventana del comedor entraba una luz intensa y desparramada que no dejaba hacer la siesta, ni siquiera dormitar. Entraba una luz alegre de la que coge de la mano y tironea hacia la calle. Tarde de paseo. Tarde de dejarse llevar por pisadas caprichosas sobre el asfalto. Hacía días que no dedicaba un rato a hacer el perro ni a estar tranquila. La discusión de la semana pasada la había dejado sin ganas de hacer nada. Fue una bronca descomunal a raíz de que María planteara su necesidad de socializarse un poco más. Pasaba mucho tiempo sola en el trabajo y casi no tenía amigas. Sólo contaba con esos encuentros esporádicos de pareja que esperaba con ilusión aunque solían acabar con alguna lágrima y unos cuantos berrinches. María estaba sola por dentro. De todas maneras, estaba más animada, tenía ganas de ver la luz y de cansarse a base de andar. María estaba contenta con los planes de reconciliación: cuando llegara a casa quería escribirle un mensaje largo y tierno, de aquellos que dicen “voy hacia ti para convertir tus amenazas en caricias”.

Eso de vivir lejos le hacía vivir una relación hecha de encadenar paréntesis, de amontonar trozos de vivencias y de recortar discontinuidades. Pero, es tan agradable la espera cuando ya tiene fecha el encuentro. Encuentros debidos a separaciones sin sentido y sólo explicables desde la truculencia de la relación. Podían haber unido sus vidas desde el primer día ya que desde que se conocieron tenían trabajos temporales y esporádicos que no hubieran entorpecido la convivencia bajo un mismo techo. Y es que a veces, las relaciones se moldean en estructuras caprichosas.

Lo importante de esta tarde es que María estaba animada, canturreaba en voz baja marcando un ritmo decidido a su paso. Fue esta animosidad lo que le impidió darse cuenta de la mirada de quien la estaba siguiendo desde hacía un buen rato. Era una mirada fija, de las que buscan el punto óptimo de encuentro. Cuando María pasaba por delante de la puerta abierta de un garaje, no se dio cuenta de que su agresor corría hacia ella para empujarla hacia dentro y cerrar la puerta. María se quedó de pie intentando acomodar la vista al cambio brusco de iluminación. Entendía lo que estaba pasando pero, no podía reaccionar. De un empujón cayó al suelo boca arriba y no hizo gesto alguno cuando sintió que la estaba apuntando con un cuchillo en la cara. Aún recuerda el tacto firme de la punta haciendo presión en su mejilla hasta abrir una herida superficial pero lo suficientemente profunda como para dejar una marca perenne, como si fuera una pequeña ventana con miras a este infierno particular. Ventana sin reflejos donde sólo había unos ojos que la miraban y que la mantenían en un estado de alerta cada vez más tenso a pesar que sabía muy bien cual iba a ser el paso siguiente. María acababa de descubrir que las miradas tienen textura y color. Esta mirada era metálica y amarilla y se resistía a quedarse en un recuerdo. Siempre será un presente.

María, aplastada contra el suelo, sentía un dolor difuso en todo el cuerpo que borraban sus espacios dialécticos hasta dejarla sin poder procesar señales ni construir pensamientos. María no estaba allí mientras el dolor crecía y buscaba alojarse debajo de las uñas y en las raíces de los pelos. María estaba borrada mientras le llegaba como si fueran brasas, la calidez de las gotas de saliva que saltaban a su cara cada vez que explotaba una de las burbujas que se iba formando en la comisura de la boca de su agresor. A la vez, María sentía una turgencia creciente que le apretaba el pubis. No podía recordar el momento que le arrancó las bragas pero, ese rascar por dentro, ese peinado del moco vaginal cada vez más rápido hizo que se relajara. El final estaba cerca.

El final ya había pasado y María seguía allí tendida. Sola. Temblaba en los quejidos que le ayudaban a levantarse para salir de aquel lugar desagradable.


Anduvo hacia su casa, hacia su ducha. Por un momento pensó en ir a comisaría pero, ya le enseñó su madre que no hay que confiar en los desconocidos. Y María no conocía a nadie en comisaría. Sólo conocía a quien la agredió, a quien hizo contra su voluntad lo que hasta ahora deseaba, a quien no supo eliminar el sabor de almendras verdes dejado por la última discusión, a quien no dejó dilatar mucho la espera de un nuevo encuentro. Y es que María se siente cobarde por no acabar de una vez por todas con esta situación, por volver al coqueteo mientras dice que no, por abrazar el negacionismo que la condenan al “esto no me pasa a mí” y al “también tiene cosas buenas”. Hay que respetar el espacio privado cuando éste se repliega dentro de los marcos del discurso dominante. Discurso lleno de contradicciones que emborronan la palabra definitiva. Y mientras María pensaba la manera de acabar definitivamente con esta situación, escribía “voy hacia ti...” en su móvil. 

jueves, 30 de julio de 2015

Narración 5

Un adiós

Voy hacia el trabajo llena de recuerdos, de olores, de crujidos y de risas que aún resuenan. Y es que esta noche pasada no he estado sola. Ha sido noche de quererse, de confidencias, de reírse del reloj y de dejar que nos sorprenda el día. Noche de reflejos, de canciones, de cenar con la mesa bien puesta, de no mirar el móvil y de no mirar la vida. Noche de búsqueda de lo clandestino que ha ido dejando sus trazas en el hondón de las ojeras. Noche de avaricia del sentido como si fuera la última. Hasta estas noches terminan con un adiós.

Hoy me he dado cuenta que no siempre digo adiós de la misma manera. Y es que no todos los “adioses” son iguales.

Hay despedidas vestidas de arrepentimiento, de las que hacen creer que se ha hecho un esfuerzo inútil acudiendo a la cita. Cita en la que hemos sido lo más impresentables posible y la hemos teñido de gris, como si lloráramos hacia adentro. Sin embargo, hay despedidas que hacen amarillear el día, que lo convierten en un día de oro. Son el adiós de citas llenas de sonrisas que disponen las cosas como una cadena de facilidades hacia el éxito. También hay despedidas que aceleran el latido del corazón sin que hagamos movimiento alguno. Son despedidas que obligan a echar el freno y a darle la espalda a casi todo. Otras despedidas son trágicas y desgarradas como golpes que descabalgan de la vida. Otras maneras de decir adiós son liberadoras como deseos cumplidos. También hay despedidas fingidas porque anuncian un nuevo encuentro y hay otras más alegres porque han acabado con un desencuentro.


 Hoy, al despedirme me he sentido feliz y eso que no hay despedidas felices. Ha sido un regalo de los que hace la vida en el último beso. Hoy he podido dejarme llevar por la cadencia de la voz que quien me decía “adiós” al oído y he tenido de nuevo su quererme. Y lo he tenido dos veces con el aire de su gesto forzado resistiendo al sueño. Y lo he vuelto a tener una tercera vez cuando he alargado este momento cerrando los ojos. Y me he quedado en la calle, sola, bajo una lluvia de colores que me ha llevado más allá de cualquier adiós.

lunes, 20 de julio de 2015

Narración4

Un saludo.


Conocí a Ana de la misma manera que se conoce a mucha gente: sin quererlo y con la vida por arreglar. Era su cumpleaños y yo acompañaba a una amiga mía a la cena de celebración. Ana abrió la puerta y nos besamos, nos abrazamos, nos acariciamos y nos volvimos a besar. Después nos dijimos algo así como “Qué guapa eres, hola”. Aún recuerdo la consistencia gomosa de su lengua en mi boca y el picor en los ojos provocado por sus cabellos. Siempre hay alguno que se escapa de las curvas de los rizos. Aún recuerdo sus caricias. Aún recuerdo aquel instante.

Después de la presentación, todo siguió igual. Fuimos a un rincón de la casa y nos olvidamos del resto, todo lo que quedaba por saber ya estaba aprendido de situaciones anteriores y seguro que era menos interesante que lo que teníamos. Había que matar la curiosidad y evitar caer en el hartazgo que provoca las preguntas rituales. Todo consiste en alargar la magia hasta que se pueda y, sin proponerlo, así lo hicimos. Nos pareció pronto cuando llegaron el sueño y el cansancio despegando los tendones de los huesos y todo cayó como cuando se desmonta una escenografía. El hambre, ya dolorosa, tiraba del cuello hacia adentro. Ahora, ya pesaban los besos. Era momento de orinar, de comer, de beber y de mirarse. Era el momento de decirse algo que rompiera este ritual tan humano. Nos dijimos nuestros nombres y nos dimos los teléfonos. Había llegado el momento de seguir con nuestras vidas y dejar que ese instante fuera eso, un instante, espuma de vida.

A pesar de las promesas, tardamos varios años en volver a vernos y fue de nuevo sin quererlo y con la vida por arreglar. Vivíamos cerca y era sólo cuestión de tiempo coincidir en un semáforo. Volvió al instante la avaricia de aquel día que hacía mirar y desviar la vista a quienes andaban por la calle. Esta vez nos hablamos, nos contamos las cosas del día a día que engalanan la vida: lo que habíamos conseguido y lo que nos quedaba por hacer. Nos lo contamos todo menos nuestras vidas emocionales. No era el momento de polémicas. Fuimos a su casa y seguimos con las manifestaciones de deseo hasta el agotamiento. Esta vez me fijé en sus ojos y mantuvimos las miradas, fui consciente de su respiración mientras se acompasaba con la mía, sentí una caricia al aire y hablaron sus gestos. Tocaba despedirse otra vez: “Hasta luego. Me caso la semana que viene. Un beso”. Y es que hay muchas maneras de despedirse.


 Hay cosas buenas propias de la era digital como la posibilidad de recibir mensajes; recibí un “quiero volver a verte” antes de pisar la calle. Otra cosa buena que ofrece el mundo digital es la posibilidad de responder de la misma manera. Quedamos para la semana siguiente y luego para la otra. Ha habido muchos luegos y todos propiciados por el mismo mensaje antes de poner el pie en la calle. La verdad es que ahora ya no se dónde hay que ponerle los paréntesis a la vida si en o entre los encuentros.  

jueves, 16 de julio de 2015

El dolor o l'escriptura en la frontera.

5 cm. La cicatriu (Mireia Vidal-Compte, Cubert edicions, 2012) .


Sota el títol "5cm (la cicatriu)" Mireia Vidal-Conte aplega en un llibre els poemes escrits durant el procés de diagnòstic d'una lesió de mama sospitosa de malignitat. Per l'estructura del poemari sembla que es tracta d'unes microcalcificacions detectades en una mamografia o ecografia de control rutinari. No hi ha en la narració del procés cap referència a la detecció de lesions palpables sinó que més aviat expressa el dubte general de quelcom aparentment sa, "ignorància en treuen" (p. 18). La narració segueix un ordre cronològic de la vivència del procès. És a dir, només fa referència a les coses que l'afecten com elements generadors de canvis irreversibles. Aquest ordre cronològic del procés es pot evidenciar millor en les marques temporals explícites d'alguns aspectes com és el moment de veure la cicatriu que es recull com a títol del poema, 19:38h/ moment de destapar i/ veure la indelicadesa/" (p.51). I és que aquest moment exacte és la marca del després. 

Els primers poemes fan referència al procés de marcatge de la lesió i de la seva extirpació el dia després. Vidal-Conte no expressa por a la mort ni al fet de patir una malaltia llarga; el que expressa és el dolor físic, la incomprensió de qui l'envolta en aquests moments i la vivència d'un canvi no volgut en un dels òrgans definitoris del cos de la dona: la mama en termes mèdics, el pit el vocabulari eròtic. Així, el poema que encapçala aquest llibre diu: "la cicatriu i/ canvien transformen/ estrips semblants/ a pergamins/ dones muden" (p. 15).  En aquest cas, Vidal-Conte escriu des d'un cos de dona i la seva destrucció/ reconstrucció parcial afecten el seu gènere, és a dir a la construcció del seu cos sexuat, del seu cos simbòlic que determina la seva manera de presentar- se al món. "a l'exposició universal por/ que llepi mai ningú/ la deformació/ perdut el blanc/ textura el b/ vell canal perfecta i/ haver d'optar/ per fi/ per l'exili" (p.21). 

La segona part del poemari titulada "Possibles usos" expressa les vivències de despersonalització, de rebuig i de por generades per la cicatriu: mirall que evites/ reflex que t'intimida/ et converteix/ en la paraula pànic/ en la paraula" (p. 40). Aquest darrer vers explica la temàtica d'aquesta segona part, la cerca de la literatura, de la poesia com a refugi, "sembla literatura" (p. 41). Però, la reflexió poètica originada per una experiència carnal tan agressiva com és una cicatriu no es tracta d'un consol, d'un lloc on amagar-se de les mirades alienes; es tracta de reformular el seu cos de dona a partir de la cicatriu, "convertiràs/ daga en homenatge/ punt de mira/ mida justa/ tot farà 5 cm/ com tindràs/ 5 filles" (p. 42). Així, aquesta segona part explica el procés d'acceptació del propi cos transformat, llatzerat, que de resultes de l'agressió física ha estat vist com estrany, aliè, irreconeixible.  En aquests versos, la unitat del cos de dona es troba fragmentada després de l'exercici del domini de la medicina i cal reconstruir- lo a partir de la deformitat originada.  El pit deformat es percep com un altri, com el producte de gestos biomèdics que han arrencat tot el seu valor discursiu i tot el seu caràcter  simbòlic. Per a la medicina, el pit és només un espai de domini que, mitjançant la permutació dels seus elements, es podrà corregir tot allò que escapa als seus postulats homeostàtics. La medicina és cruel amb tot allò que es pugui qualificar d'inestable. Els metges entenen la inestabilitat com un fenomen que, de manera imprevisible, pot sorgir simultàniament en diferents llocs i amb comportaments o significats diferents. A més, en els versos... "com tindràs/ 5 filles" (p. 42) també es fa referència al tractament de la dona per part de la medicina. La representació tecnocientífica de la dona contempla només la seva vessant reproductora i el seu cos no pateix cap impediment per a dur a terme la seva funcionalitat establerta per la ciència. En segons quins contextos hospitalaris, No compten les emocions, ni els sentiments, ni dimensions tan importants com ara la sexual; només es tracta d'un cos vulnerable que ha estat guarit d'una possible malaltia. I és aquest acarament amb la inadaptació del cos al món el motiu de la desconfiança generada per part de la medicina (Le Breton, 2007).

La tercera part del poemari, "Refusos", explica el primer sentiment que va provocar en l'autora la visió de la cicatriu, "fàstic" (p. 51). Aquest moment representa la presa de consciència de la mort del seu pit, ..."el cadàver submergit/..." (p. 52) de manera irreversible. L'autora no reconeix el seu pit com un òrgan amb una cicatriu que tanca una petita deformitat sinó que la cirurgia ha estat un acte d'ablació del pit com a tret identitari que ha deixat una cicatriu, unes restes. I és a partir d'aquesta cicatriu que Vidal-Conte ha de reconstruir la seva identitat, el seu gènere i la seva sexualitat mitjançant la poesia: crees el més tens/ vers de fit a fit/ partir-lo rebentar-lo/ retibar-lo/ hi encastes aflicció/ poema tràngol...(p. 57). El fet de dirigir- se a ella mateixa en segona persona posa de manifest la despersonalització generada per la cirurgia i la negativa a acceptar la deformitat com a part seva. Cal doncs, reformular tot el procés mèdic a través de la literatura per tal de poder deixar enrere "...el noi fred i/ del tot aliena i forana/ la seva mà" (p. 53). Una mà aliena ha generat canvis en el pit fins a tornar- lo un objecte de rebuig. Es tracta d'un pit que cal reconstruir des de l'inici del procés, des de l'arpó: " inauguració del dolor/ l'arpó t'aferra marca/ (p. 22).S'anomena "arpó"  una agulla fina acabada en forma d'ham perquè no es mogui un cop col·locada que es clava, guiada per ecografia, com a marca de la lesió a analitzar. En l'acte quirúric, s'extirpa tot el teixit del voltant de l'agulla: "obren la precisió/" (p.18) i es deixa una cavitat que és com "el riure d'un vell sense dents/" (p. 38). 

Aquest tipus de discurs sobre modificacions de les parts del cos, sobretot les que defineixen el gènere, té lloc en un moment social en el qual es descriuen noves connexions entre la biotecnologia i les identitats del jo. La biotecnologia contemporània obre nous espais especulatius sobre el significat del cos humà. Ara, el cos es presenta com un espai parcel·lat, com un objecte de consum que pot ser reconfigurat mitjançant tècniques quirúrgiques i tractaments farmacològics per tal d'adapartar- se millor al prototipus ideal explicatiu de la identitat política de cada persona (Cooter, 2008). En aquesta linia de discurs, Sloterdijk (2006) accepta el poder d'elecció dels individus per a configurar- se com a individus bioculturals. És el que anomena "l' home autooperable" i accepta el poder d'autogestió de l'estil de vida associat als sentiments del plaer i del dolor. Aquest intent de creació humana per part dels propis humans és el producte d'una situació bastant novedosa ja que la biocultura barreja elements de l'entorn natural de les persones i elements tecnològics. La barreja d'aquests elements, tal com defineix Vidal- Conte en el seu poemari, és del tipus amo-esclau. És a dir que en les operacions sobre el cos es barregen informacions de diferents àmbits com els conceptes de sistemes, records, intel·ligència artificial, sentiments, volicions, etc. Tots aquests elements es modifiquen per tal que cada persona pugui apropar-se al seu estereotip ideal. D'aquesta manera, el ciutadà ideal queda construït discursivament, corpòreament i performativament. Llavors, l'aparença del cos extén el seu qualificatiu social a tots els àmbits de la persona (Hole, 2009). I és la ruptura del discurs social la que margina a Vidal-Conte. Ella ha construït un cos socialment acceptable que ara la ciència li deforma sense pietat, només per una sospita. Segons que es desprèn del poemari, la medicina mostra l'altra cara, la que és brutal i freda, la que no satisfà als seus clients (acaba-ho d'afinar). En els poemes VIII i IX s'intercalen la veu de la poeta i la dels metges i es posa de manifest la davallada total de l'autoestima de la pacient: "la paraula dolor/ vosté ho ha de mantenir així/ 14 hores adolorida/" (p. 22) "/ cares ressons/ no d'objectes intentes/ estimar-te és difícil/" (p. 23).  

La darrera part del poemari, "Sobre renovades propulsions", tracta sobre l'intent d'acceptació que fa el subjecte poètic mitjançant l'escriptura. Ara el jo poètic ja no construeix una identitat : escriu el cos. El descriu i intenta obtenir bellesa de les descripcions forjades amb els mots ja que  la realitat de la seva imatge n'és exempta: "aquest és el poemari/.../típica cicatriu/ que mai ningú no premia/ és clara lletjor manifesta/ típica cicatriu que/ fa lleig/ bruteja/ no decora/ dol" (p. 89).  Vidal-Conte no intenta sublimar el dolor amb la poesia sinó que intenta reconstruir un referent del cos femení a partir de la cicatriu i es troba sola "lluitar per la cicatriu/ mireia/ fa de tu" (p. 90). Llavors, la seva lluita es realitza a través de l'escriptura, que s'inicia amb la cerca de poetes que han viscut un dolor similar (poleix la frase). Així, aquesta darrera part del poemari s'inicia amb una llista d'escriptores que han dedicat alguns versos al dolor, amb una clara voluntat d'inserir-se en un cànon femení, en un continuum de veus poètiques de dones que han abordat una mateixa temàtica. I és que "a trones ermes i mamografies/ totes ens acostumem" (p. 88). Amb aquest inici i des de la lletjor, la poeta intenta trobar un nou ritme vital ja que ara "sóc només lloc" (p. 75). 

En l'actualitat, s'està abandonant la idea clàssica que el cos humà és un contenidor de la ment amb una funció generadora de signes i de significats d'acord amb la cultura. En l'actualitat occidental s'ha eliminat aquest dualisme entre el cos i la ment i s'interpreta el cos com un constructe cultural. Aquesta identificació del "jo" amb el cos només és possible si la corporeïtat es defineix sota unes coordenades d'espai i de temps. El temps regula la càrrega simbòlica del cos i la manera de presentar-lo a l'entorn. Mentre que el temps es pot considerar una coordenada interna, l'espai que és l'altra dimensió de l'experiència del propi cos, es considera una experiència externa ja que imposa els cànons i les normes (Martínez, 2004). Així, quan Vidal- Conte afirma "sóc només lloc" (p. 75), indica una actitud desvitalitzada i sense una frontera amb capacitat discursiva, sense pell i amb una cicatriu que cal reformular. Aquesta manera diferent de llegir el cos ha fet resorgir el discurs sobre les diferències de gènere en la societat actual. Sembla prou clar que no s'interpreta de la mateixa manera el cos femení que el masculí i que el femení està sotmés a una major càrrega de tècniques corporals femeneitzadones encara que s'ha diversificat l'exercici del poder que obliga al cos de les dones a ser un cos per als demés, bell i fèrtil. Ara, s'exerceix un micropoder continu i multidireccional que dóna la impressió que la generació de la feminitat és un acte voluntari i com una projecció natural de la pròpia personalitat. El biopoder ha sortit de les agències socialitzadores (família, escola, mitjans de comunicació) ja que les tecnologies i la medicina poden erradicar els elements prototípicament de gènere fins a l'ambigüitat indesxifrable difuminadora del binomi sexual del discurs social masculí. En el discurs social masculí, la tecnologia amb capacitat per expandir el domini de significacions corporals i la dona tenen un tractament d'alteritat ja que cal mantenir sota control. Alhora, també es reconeix una gran inestabilitat de les fronteres corporals ja que la tecnologia amplia el cos orgànic i li permet colonitzar espais de significacions diferents (Nelly, et al., 2004) com, per exemple, el poema veus formes a la guixada/ el riure d'un vell sense dents /inventes una cosa/ com art/ i és la mosegada/del Gran Masturbador (p. 38). En aquest poema, la cicatriu quirúrgica permet una nova articulació de la simbologia corporal, articulació que no hagués estat possible sense la intervenció tecnològica. Aquesta ampliació del camp simbòlic corporal no és gratuïta ja que implica una reformulació de tot el camp. Així, mentre s'esvaeix la simbologia orgànica, la determinada per la càrrega genètica, adquireix un significat simbòlic la nova configuració corporal híbrida. Vidal-Conte assimila aquest procés al discurs surrealista que s'enuncia entre la realitat i el somni tal com es pot entreveure en la seva referència al  Gran Masturbador, poema i tema pictòric de Salvador Dalí (Port Lligat, 1930) que mostra la interpretació d'una temàtica irracional. El poema de Dalí és ple de veus, d'estils, de fragments en prosa i de versos de diferents mètriques que moldeigen els seus neguits i les seves pors més primitives. El conjunt té una coherència temàtica com si fos un retrat caòtic (Docía, 2005: 49- 63).

Mireia Vidal-Conte presenta en "5 cm (la cicatriu)" dues vessants discursives ben delimitades: la vivència de la malaltia i del dolor en relació amb la tecnologia mèdica i la vivència del canvi en un cos sexuat, de dona, com a element de rebuig social, com a causa de "l'exili".  


Bibliografia

Cooter, R. (2008) Biocitizenship. The Lancet, 372: 1725.

Docía, J.L. (2005) El narcisismo creador daliniano. Análisis del poema y el cuadro de "El gran masturbador". Scriptura. Monográfico Salvador Dalí. J. Jové y M. Visa (eds.), Universitat de Lleida. pp. 49- 63.

Hole, R. (2009) The body and citizenship in social movement research: embodied performances and the deracialized self in the Black Civil Rights Moement 1961- 1965. The Sociological Quarterly, 50: 283- 307.

Le Breton, D. (2007) Adiós al cuerpo. Una teoría del cuerpo en el extremo contemporáneo. La Cifra, México. pp. 39- 50.

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Snockney, L. (2007)  Johns Hopkins Breast cancer. Jones and Barlett, United Kingdom. Pp 1-15 (risc) 15- 36 (diag)

Lo público y lo privado de la reproducción asistida.

El mayor alcance de las técnicas de reproducción asistida (RA) y el replanteamiento del concepto de “familia” en la sociedad postmoderna han permitido abrir un abanico de posibilidades de estilos de vida privada. La cultura “mosaico” propia de nuestra época y la tendencia a establecer relaciones más volátiles y plurales han cuestionado los estereotipos heteronormativos además de poner sobre la mesa prejuicios que parecían superados.  A veces, parece que se está dando un paso atrás en muchas cosas aunque también puede pensarse que en el pasado más reciente se ha vivido un espejismo y que nada ha cambiado. Puede que sea un poco de las dos cosas ya que algo se ha avanzado aunque no al ritmo que quisiéramos.
El 27 de julio de 1978 empieza la polémica sobre las técnicas de RA con el nacimiento, en Cambridge, de Louise Joy Brown mediante técnica de fertilización “in vitro” y transferencia embrionaria. Y desde entonces, estas técnicas han sufrido diferentes procesos de mejora en el sentido de número de éxitos, menores efectos secundarios, ampliar mercados y, siguiendo una economía de escala, conseguir abaratar sus costes.
La mayoría de las técnicas de RA se basan en la manipulación de los gametos (ovocito y espermatozoides. Células que se encuentran, respectivamente, en los ovarios o los testículos) o de embriones en fases de preimplantación (5- 6 días de edad gestacional).  
La fecundación tiene lugar en la trompa de Falopio (conducto que comunica el ovario con la cavidad uterina). El ovocito fecundado por un espermatozoide recibe el nombre de zigoto. A partir de las 30h el zigoto sufre una serie de divisiones dando lugar a unas células, los blastómeros, con capacidad para diferenciarse en cualquiera de los posibles tejidos del organismo. Todos los blastómeros son iguales.  Cuando se forma un nido de unos 12 blastómeros, éste se encuentra rodeado por una membrana gelatinosa, la zona pelúcida que sirve de nutriente al embrión en su trayecto desde la trompa a la cavidad uterina. Este nido celular recibe el nombre de mórula (Figura 1).
Durante las divisiones celulares siguientes, la mórula se cavita y se observa la primera diferenciación celular. El anillo de células trofoblásticas que formarán la placenta y el saco vitelino. Este anillo de células rodea a una cavidad y a la masa celular interna, un nido de células precursoras del embrión. Este estadio recibe el nombre de blastocisto.  
Hacia el 5º día de gestación, el blastocisto contacta con la cavidad uterina, pierde la zona pelúcida y se implanta embebiéndose en la mucosa uterina (Figura 4). La comunicación feto materna es imprescindible, por ahora, a partir de este momento de la gestación.
De la manipulación de las células embrionarias en estas fases se pueden describir las distintas técnicas de RA.  Estas técnicas pueden resumirse de la siguiente manera:
1.- Manipulación de los gametos: homóloga (de la pareja) o heteróloga (de donante anónimo). Consiste en el depósito del material seminal en el cuello o en el interior de la cavidad uterina. Es la técnica más sencilla.
2.- Fecundación en un medio artificial y transferencia de los embriones al útero (FIVTE). Se acostumbra a transferir mórulas de unas 16 células y de una edad gestacional de entre 36 y 48 horas.
Era de prever que al poner en manos de la población las técnicas de RA se iniciara una guerra dialéctica acompañada de justificaciones generadoras de seguridad. Las reflexiones venidas de casi todos los ámbitos del conocimiento han sido ambiguas cuando se trata de pronunciarse sobre los usos concretos de estas técnicas. Pronunciamiento que obliga a posicionarse y a dejar fuera a algunos grupos sociales. Muchos son los colectivos que han intentado convencer y todo lo que se ha conseguido es agrandar la brecha social en el espacio dialéctico del mercado reproductivo. Una posible solución a esta torre de Babel es la aceptación que los gestos reproductivos son actos propios de la privacidad y que lo que deberíamos intentar es una igualdad de garantías para quienes quieran ejercer el derecho a tener hijos. 
Parece que los grupos de poder intentan el control de la privacidad mediante discursos heterogéneos y moralizantes. Así, en Italia (“Boletín Oficial” 45 de 24 de febrero de 2004. Ley 40/2004) y bajo el supuesto de protección de los derechos del no nacido, manifiesta que las técnicas de FA no son un método alternativo y limita su uso a parejas heterosexuales con ambos miembros vivos, en relación estable, mayores de edad y en edad fértil. Y es que parece que el Vaticano no está en Italia porque sí. En el otro extremo del gradiente de posibilidades legales, se encuentra la Ley Española 14/2006 de 26 de mayo y acepta el uso de las técnicas de RA por cualquier mujer sea cual sea su estado y estilo de vida excepto cuando supongan un riesgo grave. La ley española defiende el ejercicio del derecho de las mujeres a la reproducción. Lo que sí prohíbe de manera explícita es la gestación subrogada o “vientres de alquiler” ya que no reconoce la maternidad de quien paga sino de quien pare. De todas maneras, sí que acepta la paternidad del donante y luego la pareja debe realizar un proceso de adopción.
No parece que el gobierno del PP esté muy feliz con estas leyes e intenta limitar su uso limitando su financiación a parejas heterosexuales con algún problema de fertilidad. Como bien dice Ana Mato (El País, 23/07/2013) “las parejas están integradas por un hombre y una mujer” y “la falta de varón no es un problema médico”. Estas sí que son frases para reflexionar. 
Bibliografía
R. Germán Zurriarain (2011) Cuad. Bioét. XXII: 201- 214.



Embrión en fase de mórula (Fig 1).

viernes, 3 de julio de 2015

Narración3


Un recuerdo recurrente

Esta tarde, María tiene fiesta en el trabajo. Hoy es martes y su quiosco está cerrado. Tarde de añoranza y de búsqueda de la intensidad de vivencias pasadas. Es cierto que María sale menos desde que perdió la vista hace un par de años. Ahora, le supone un gran esfuerzo de orientación salir con sus amigas y además, cuando conversa, se hace un lío con los turnos de palabra, nunca acierta. A todo hay que acostumbrarse y las amigas de María se han acostumbrado a estar sin ella.

María pasa las tardes de los martes en el sofá de su casa distorsionando recuerdos para abrir nuevas vías de encuentro ya que la realidad no permite lo que el olvido no destierra. Tardes de languidez y de búsqueda de quienes estropearon ese quererse tan personal, tan único y tan inocente, quererse aprendido por iteración hasta el martilleo. Querer que busca la intensidad del sentimiento, el gesto quirúrgico de quien arranca trozos de identidad con las uñas y con las manos sin lavar. Ella nunca pensó que quererse doliera tanto y que sentirse viva doliera cada vez más fuerte y más lejos.  Aunque ahora todo fluye a través del acto que da alas a la rigidez esclerosante y tóxica de un pasado lejano pero, aún vivo. Sólo por eso ya vale la pena.

No parece que nunca la hubiera querido demasiado, sólo le tendió una red a la que María se lanzó sin preocuparle demasiado lo que dejaba atrás. Cosas del deseo. Y mientras María repetía a cada intento: “Vuelve, que ahora irá bien”, se iba tragando la vida sin masticar. Intentos cada vez más intensos hasta perder la perspectiva. Intentos provocadores del zarpazo certero que arrancó sus señas de identidad. Y es que son estas vueltas las que la consumían a bocados y no le dejaban pararse a pensar que todo podía ser de otra manera. Vórtice mortal que sólo la pérdida de la sumisión podía romper aunque ésta siguiera creciendo alimentada por el acogotamiento impuesto por el poder deseado. Era un poder ejercido a trompicones y era lo único que le permitía seguir hacia adelante. Un empujón para decir que no y otro empujón más, “…ahí…duele…tú ya sabes…”, para seguir pidiendo otro que la llenara de vida. Y es que la vida estaba ahí afuera vertiéndose al son de un poder brutal e inalcanzable.

María aún no ha podido entender por qué le arrancó los ojos en el penúltimo acto de amor. Ella misma le ayudó ya que era para que el amor fuera pleno, para evitar más engaños. No parece una razón pero, lo que sí es cierto es que cada vez era más difícil superar la embestida anterior aunque todavía quedaban retales de vida para compartir. Retales de investidura con los que María volvió una vez más al altar del sacrificio para hacer salir espumarajos de la boca de quien la estaba esperando. Este último encuentro fue el más intenso. A cada paso crecía la garra que tiraba de su vientre hacia adelante aunque ahora ya no tenía miedo porque no podía ver los ojos enrojecidos por la ira ni tampoco veía el gesto anticipatorio de las manos que iban a rodearle el cuello. Gesto que le llegó por el aire como un vibrar de bienvenida que hizo estallar su deseo en gritos al aire como doblar de campanas. Siguió avanzando con confianza segura de que el rugir que oía era de deseo.  María estaba tranquila.

Lo que María aún no ha podido entender es el motivo de dejarla unos días después sin ninguna explicación. Parece que se cansó de buscar emociones en alguien sin respuestas. María aún está perpleja ya que el último día que se vieron fue el mejor, incluso fue divertido, jugaron al escondite.